Familia

Antes de que ellos crezcan

Hay un periodo cuando los padres quedan huérfanos de sus hijos, es que los niños crecen independientes de nosotros, como árboles murmurantes y pájaros imprudentes. Crecen sin pedir permiso a la vida. Crecen con una estridencia alegre y, a veces, con alardeada arrogancia.

Pero no crecen todos los días, de igual manera, crecen de repente. Un día se sientan cerca de ti en la terraza y te dicen una frase con tal naturalidad que sientes que no puedes más ponerle pañales.

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Divorciada con hijos

Mi mamá es como la Moni, del programa ese que pasan por la tele: casada con hijos. Es casi, casi, igualita.

Es petisa como la protagonista, es despistada como ella, (puede llegar a olvidarse de comprar papel higiénico y darse cuenta justo en el preciso momento en que está en el baño o los fósforos y maldecir frente a la hornalla de la cocina) y salvo la excepción de que no tiene marido, pero tuvo: mi papá (que, encima y para peor de males, era muy parecido a Pepe, el consorte ficcional de mamá Moni), hasta tiene dos hijos, yo y mi hermano.

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Homos domesticus: delicias de la limpieza del hogar

Tirando lo roto, descartando lo inservible de cada integrante de la casa, desalojando, o en su efecto, cobrar el alquiler debido, a cuanta arañita haya en los recónditos lugares; esos que a veces le da amnesia o antipatía a la escoba o bien porque da pereza correr el mueble para hallarlos.

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Enmundialadas

Ni muy muy, ni tan tan. Ellos padecen y nos padecen. Nosotras padecemos por los once detrás de la pelota pero encima por todos nuestros hombres. Maridos, cuchicuchis que supimos conseguir, amigovios, amantes e hijos. Y ellos a su vez nos padecen. Dios salve a nuestras uñas.

Pensé que me había salvado, después de diez años de separación, sin ningún hombre casa adentro y habiendo sobrevivido ya a un mundial, pensé que los astros estaban de mi lado.

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Hijo, ¡te estoy hablando!

Había una vez, si, así se cuenta, como los cuentos, así que no se extrañen porque así también comienzan las historias de la vida real. Una nena que jugaba con las muñecas a ser mamá.

Cambiaba pañales, daba mamaderas, chupetes y mecía hasta dormir el sueño de juguete en una cuna que columpiaba como si fuera de verdad. Hasta que la vida reclamó su atención en otra parte y en otras cosas y hasta la muñeca de trapo más querida fue a parar a un cajón.

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